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lunes, 7 de enero de 2019

¡AL DESCUBIERTO! ¿POR QUÉ EL PARTIDO POPULAR DE GALICIA ES NACIONALISTA? NÚÑEZ FEIJÓO Y LA IMPOSICIÓN DEL GALLEGO.


LA IMPOSICIÓN DEL IDEARIO NACIONALISTA-GALLEGUISTA POR PARTE DEL GOBIERNO DE NÚÑEZ FEIJÓO

Galicia es una comunidad autónoma (región) de España en la que tradicionalmente el Partido Popular gobierna con amplia mayoría.

Cualquiera que en la actualidad visite Galicia puede comprobar cómo toda la cartelería y rotulación de carácter público (hospitales, universidades, colegios, edificios administrativos, museos, señales de tráfico, señaléctica turística etc.) está exclusivamente en gallego; cómo la Xunta de Galicia se comunica con la ciudadanía y empresas únicamente y de forma prioritaria en gallego (los documentos públicos, los folletos explicativos y la publicidad institucional sólo se edita en esta lengua); cómo en los colegios públicos de Galicia el castellano ha quedado relegado a asignaturas secundarias y con menor presencia en la jornada semanal; cómo a la hora de puntuar cualquier candidatura delante de la administración pública, la Xunta, ésta otorga una mayor puntuación al hecho de hacerlo en gallego; cómo a los funcionarios y servidores públicos de la Xunta se les "recomienda" atender en gallego; cómo a cada vez más negocios como parkings y centros comerciales se les impone obligatoriamente la rotulación en gallego; cómo el dominio xunta.es ha sido sustituido por el de xunta.gal (y esto se ha hecho también con todas las webs de organismos públicos de Galicia) y cómo se anima al sector privado a hacer lo mismo; y un largo etcétera de medidas cuyo objetivo es "galleguizar" hasta el extremo ámbitos de la vida que siempre se han manifestado con total normalidad en castellano, lengua mayoritaria de la población gallega.


Los gallegos, con una visión de Galicia dentro de España y claramente a favor de la tolerancia, la convivencia y el respeto por las 2 lenguas oficiales que coexisten dentro de la comunidad (español y gallego), llevan ofreciendo su respaldo en las urnas a este partido desde hace muchos años, pues parecía que el ideario del PP representaba estos anhelos y modelo social.


Sin embargo, ya en la época de Manuel Fraga (antiguo presidente de la Xunta de Galicia y del Partido Popular gallego) esta formación comenzó a dar un giro hacia un galleguismo que en la actualidad, bajo la tutela de Alberto Núñez Feijóo, ha desembocado en una posición mucho más radical, extremista y nacionalista, imitando los vicios del nefasto gobierno autonómico de Cataluña.


El normal bilingüismo castellano-gallego que existía hace unos años en las administraciones públicas de Galicia (y que era respaldado por la gran mayoría de la sociedad gallega) ha ido dejando paso a un modelo exclusivamente monolingüe en gallego que excluye a los castellano-parlantes y que por cierto, como ya hemos comentado antes, son la gran mayoría de gallegos.


Escuchar el discurso de cualquiera de los actuales gobernantes de la Xunta (cualquier conselleiro, director de organismo público o el mismo presidente Feijóo) pone los pelos de punta: por supuesto siempre y exclusivamente en gallego (incluso aunque tengan delante un interlocutor o aforo con gente de otras regiones de España que no habla este idioma, lo cual demuestra además una mala educación y escasa sensibilidad hacia el ciudadano), hablan de Galicia como "país" (cuando según las encuestas el 98% de los gallegos la considera una comunidad autónoma-región de España), transmitiendo una boina y un catetismo impropios de una sociedad abierta y cosmopolita como es la Galicia del siglo XXI (tan gallega como española), relatos donde lo más importante es presumir de ser gallego y "galleguizar" hasta la tapa del retrete...



En definitiva, un discurso completamente anacrónico, absurdo y dañino para la sociedad, al promover  (al igual que el modelo catalán) la idea de que la identidad -y no los méritos- da derechos y beneficios, mostrando un orgullo por ser gallego exagerado y mal entendido, y yendo en contra del sentir normal del mundo cada vez más globalizado, abierto y cosmopolita. De hecho está estudiado y demostrado que las sociedades más abiertas y hospitalarias son aquellas que alcanzan un mayor nivel de progreso económico y social.


Potenciar el uso del gallego, y presentarlo como algo beneficioso en detrimento del español (arrinconando su presencia al mínimo) poco a poco -especialmente entre la población más joven en edad de formarse- genera desafección hacia el español y todo lo que suene a España. La ausencia es la mejor forma de destruir los vínculos emocionales y afectivos. De esta forma, generación tras generación los niños gallegos aprenden que lo "normal" es que el gallego prevalezca por encima del castellano, que sus rotulaciones y administraciones públicas usen sólo este idioma, que emplear el gallego tiene premio por parte de la administración pública en comparación con el uso del castellano (aún recuerdo cómo si respondías los exámenes de Selectividad en gallego obtenías 2 puntos más, o cómo a la hora de optar a una subvención pública consigues también mayor puntuación si la solicitud va en gallego...).


Desde otros países de Europa y América observan con perplejidad e incredulidad lo que ocurre en España, particularmente con las lenguas regionales en la educación: cómo es posible que se le dé más relevancia y presencia a una lengua regional (que pocas competencias y valor añadido aportará en la vida profesional del alumno y en su empleabilidad, especialmente cuando la mayoría de jóvenes tendrán que emigrar de Galicia en este caso para encontrar un trabajo cualificado) frente a una lengua nacional (el español) que es el idioma con el que nos entendemos todos los españoles, seamos de la región que seamos (abriendo fronteras) y uno de los principales idiomas del mundo. Eso obviando ya la presencia de otros idiomas internacionales y básicos para una buena educación en el mundo globalizado del siglo XXI como son el inglés, el francés o el chino.


Por supuesto tener más cultura y preservar las lenguas regionales es beneficioso y recomendable, pero equipararlas y hacer que éstas se impongan y sustituyan a los idiomas nacionales e internacionales no sólo carece de sentido sino que resulta además contraproducente a nivel social.


Si en Galicia ya en la época de Fraga se empezó a potenciar el uso del gallego en la vida pública y en la enseñanza, en la era Feijóo este hecho se ha radicalizado de tal forma que hoy en día es prácticamente imposible encontrar una mínima presencia del castellano (la otra lengua oficial de Galicia) en su administración y servicios públicos. Y esto no sólo es negativo y empobrece a la sociedad gallega, sino que además es ILEGAL Y PERFECTAMENTE DENUNCIABLE, al atentar contra el artículo 3 de la Constitución y contra los principios de igualdad y no discriminación por motivos de idioma.


A mayores es interesante destacar que el proceso de potenciación de las lenguas regionales en detrimento del idioma común de todo el país (el español) que está ocurriendo en varias regiones de España (no sólo en Galicia, sino también en Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares o Navarra) no pasa en ningún otro país del mundo donde existen también lenguas regionales y donde se promueve y usa el bilingüismo e incluso el trilingüismo. El caso de España es único, también por la inacción del Estado, quien observa pasivamente como un artículo de la Constitución y los derechos y libertades de los ciudadanos son continuamente vulnerados por parte de sus propias administraciones públicas.



LOS MOTIVOS DE QUE EL PARTIDO POPULAR DE GALICIA SE HAYA CONVERTIDO EN NACIONALISTA

Llama tremendamente la atención que un partido que tradicionalmente ha defendido la unidad de España, la libertad e igualdad de todos los ciudadanos y el cumplimiento de la ley (especialmente en el resto del país) actúe en Galicia como una formación nacionalista.

De hecho resulta tremendamente curioso escuchar por un lado los discursos galleguistas-nacionalistas de Feijóo dentro de la comunidad gallega (donde ha llegado a manifestar incluso que cree en la "nacionalidad gallega") y a la vez ver sus intervenciones en cadenas conservadoras de ámbito nacional como Intereconomía o Trece TV (donde apela a la unidad de España y al cumplimiento de la ley): dos discursos completamente opuestos que muestran una incoherencia casi enfermiza.


¿Cuál es el motivo de esta esquizofrenia del Partido Popular dentro y fuera de Galicia?

Imagino que no sorprenderá a nadie, pero la respuesta es una vez más el juego político y la lucha por los votos.


1) El sistema electoral español que sobrerrepresenta el voto de los pueblos e infrarrepresenta al voto de las ciudades.

El Partido Popular de Galicia sabe que las elecciones se juegan en las aldeas y el rural, debido al injusto sistema de representación por escaños actualmente en vigor por el cual el voto de los pueblos y núcleos de escasa población vale hasta 3 y 4 veces más que el voto de las ciudades, donde la población emplea mayoritariamente el castellano. Por este motivo se explica en buena medida el ramalazo galleguista del PP, más interesado en mantener las tradiciones y meter el gallego hasta en la sopa que en conseguir una sociedad más moderna, abierta y hacerla progresar.


2) Captar los votos de la parte más manipulable y menos formada de la población apelando al sentimiento.

El "manual del político sin escrúpulos" recomienda apelar al sentimiento (y a la boina de paso) para hacerse con el voto de la gente sin criterio, la población con un espíritu crítico menos desarrollado y que es fácilmente engatusable con "cantos de sirenas". De esta forma Feijóo se presenta como el "salvador de Galicia y de lo gallego", y diciendo a los gallegos (al igual que en el modelo catalán) que por el hecho de serlo son mejores y ostentan más derechos. Resulta muy humano sucumbir a halagos y piropos, y una gran parte de la población (la más manipulable) desgraciadamente cae rendida a los encantos de sentirse mejor que los demás. Apelar al sentimiento en lugar de la razón resulta efectivo políticamente pero a largo plazo es también peligroso. La política es fundamentalmente gestión de fondos públicos, y cuando esa gestión se hace para la emoción y no para la razón (progresar, avanzar, mejorar la vida del ciudadano, etc) las consecuencias son los conflictos sociales, el atraso y el despilfarro que vemos en la actualidad.

Un ejemplo reciente de esta manipulación que la Xunta del PP trata de hacer sobre el ciudadano apelando al sentimiento, es la última campaña publicitaria que anima "polo ben de Galicia" y "para que Galicia avance" a darse de alta como autónomo/empresario. Se trata de una total falta de consideración y respeto hacia los autónomos y demuestra un total desconocimiento de su realidad: un autónomo no se da de alta "por el bien de Galicia" sino que en primer lugar lo hace para labrarse un futuro, tener un sueldo con el que llegar a fin de mes y sacar a su familia adelante, las cosas realmente importantes en la vida de los ciudadanos. Pero cómodamente desde un despacho es muy fácil ser creativo y diseñar un anuncio que trata de utilizar el sentimiento de cariño hacia la tierra para manipular las conciencias de los ciudadanos. El problema es que cuando uno tiene cubiertas sus necesidades básicas puede permitirse sentimentalismos y florituras, pero cuando a un gran porcentaje de la población le cuesta llegar a fin de mes ya le puede hablar la Xunta de su amor por Galicia que lo único importante es llevar comida a la mesa todos los días.

3) Evitar que surja en Galicia un partido de derechas de ideología nacionalista como ocurrió en Cataluña.

Según se cuenta, históricamente en época de Manuel Fraga, el PP gallego fue dando un giro hacia el galleguismo de forma intencionada para ocupar también este espectro político y evitar así que surgiera en Galicia una fuerza política nacionalista y de derechas al estilo de la antigua CiU catalana. El caso es que ese giro ha sido tan radical en los últimos años, que el PP se ha convertido en nuestra comunidad en lo que inicialmente quería evitar.

4) El tradicional y fiel electorado del PP gallego le permite ampliar su espectro político.

Desde que existe democracia en España, prácticamente todas las legislaturas el PP ha gobernado la Xunta de Galicia. La parte más conservadora de la sociedad gallega ha venido demostrando una gran fidelidad hacia este partido casi como una tradición inamovible, algo también explicable por la ausencia (hasta ahora) de otras opciones políticas de centro-derecha. El PP consciente de este hecho ha visto que podía entonces coquetear e intentar cazar votos en el electorado situado más hacia el centro e incluso dirigirse también hacia el votante más indeciso y próximo al centro-izquierda, tradicionalmente asociado a posiciones más galleguistas o incluso pseudo-nacionalistas. Dicho y hecho.

5) La infinita paciencia y silencio de la mayoritaria población "normal" frente al ruido y exaltación de la minoría radical y extremista (los "lobbys" galleguistas).

Al igual que ocurre en Cataluña, pero en el caso de Galicia incluso mucho más manifiesto, la gran mayoría de la población es NORMAL: se sienten tan españoles como gallegos (entienden que España es su país y Galicia su región sin ningún tipo de problema o conflicto); les gusta tanto la cultura española (Cervantes) como la gallega (Rosalía de Castro) y consideran ambas como propias; su principal preocupación consiste en trabajar, llegar a fin de mes y sacar a sus familias adelante. Y esta población silenciosa, mayoritaria y NORMAL, no tiene ni tiempo ni ganas (precisamente por el hecho de estar centrados en cosas más importantes como atender a su trabajo o a su familia) de tener que manifestarse continuamente para que la Xunta respete sus libertades y aplique de verdad el modelo social que de buena fe han votado cuando han mostrado su apoyo al PP. Por el contrario, las minorías galleguistas-nacionalistas son las que hacen ruido, se organizan y mueven para actuar como "lobbys" e imponernos a todos su particular y minoritaria visión política.


6) El gran negocio montado alrededor de las autonomías y los "chiringos" de la normalización lingüística.

Tras la actual administración de las autonomías se ha ido levantando una gran industria paralela de organismos, entes, empresas y concesiones públicas (gran parte de ellas generando duplicidades y triplicidades que son mantenidas vía impuestos) y que dan negocio a conocidos y contactos de los gobernantes de las administraciones públicas. Uno de los casos más evidentes es el de la educación pública (el hecho de imponer el gallego mueve detrás los intereses de la industria editorial por ejemplo) o los conocidos como "departamentos de normalización lingüística" (mejor llamados "chiringos"), presentes en casi cada administración autonómica y local (en los propios ayuntamientos) y cuyo objetivo no es otro que eliminar la presencia del castellano por completo e imponer exclusivamente el gallego. Dicho de otra forma: su "modus vivendi" y el motivo por el cual cobran millones (de los impuestos de todos) es acabar con el español en Galicia.



¿HA LLEGADO LA HORA DE CAMBIO POLÍTICO EN GALICIA?

Desde luego, y utilizando el mismo lenguaje que la Xunta en sus spots (pero esta vez en serio) "por el bien de Galicia, España y Europa" el modelo de Núñez Feijóo supone una nefasta experiencia para la gran mayoría de ciudadanos gallegos que desean expresarse libremente en el idioma que ellos elijan y que quieren una escuela y universidad pública modernas y útiles, que formen a personas competitivas, empleabilizables y con una mentalidad abierta, rica y cosmopolita.

Si el gobierno del PP gallego no da un giro hacia una posición no nacionalista y acorde con el ideario del partido (por el cual muchos ciudadanos le han dado su voto) es sin duda el momento de cambiar el color político de nuestra comunidad. Galicia es una tierra abierta y hospitalaria, y la actual administración con sus políticas nacionalistas no está a la altura en este momento.

Desgraciadamente partidos como el PSOE siguen también la estela del PP gallego a la hora de manifestar un "galleguismo" extremo y absurdo, ocultando y relegando cualquier manifestación en castellano, el idioma mayoritario de los gallegos. Un caso extremo de esto es PODEMOS-En Marea o el casi desaparecido Bloque Nacionalista Galego (BNG), partidos nefastos para la convivencia y el progreso y que defienden un referéndum de autodeterminación también en Galicia.

Por tanto, la situación política no es nada sencilla en nuestra comunidad, por lo que quizás sea el momento de explorar las nuevas opciones políticas que presenten planteamientos mucho más razonables, y de exigir a nuestros actuales gobernantes que apliquen las políticas que a priori dicen defender.